Cinco
de la mañana, quedarme a dormir o llegar temprano a la escuela, el dilema de
todos los días, sin embargo decidí levantarme con una grata felicidad debido a
que después de mucha espera, uno de mis grupos favoritos se iba a presentar en
la ciudad en la que resido y lo mejor de todo, gratis.
Me vestí,
desayuné, preparé mis cosas y mi padre
ya estaba listo para dejarme en la parada. Recuerdo haber llegado a la escuela,
saludar a mis compañeros y emocionarme aún más debido a que mis amigos me iban
a acompañar al concierto.
La
mañana de aquel viernes fue rutinaria como casi todos los días de escuela, tomé
asistencia, los profesores dieron su clase, desayuné algún emparedado preparado
por mi madre, entregué un trabajo que había sido solicitado para ese día y
terminé los deberes que correspondían a la escuela.
No
ansiaba otra cosa, más que la hora en que pudiera ver a División Minúscula en
el escenario desde las primeras filas. No recuerdo muy bien cómo fue que esta
banda se convirtió en una de mis favoritas, pero sin duda alguna no me
arrepiento de haberlos escuchado, pues hasta el día de hoy los escucho, y entre
más crezco mejor entiendo las letras.
Unos
días antes, la emoción me invadió tanto que grité en mi casa un “¡que genial!”,
mi mamá solo me ignoró, sin embargo al
ver que mi hermana me observó extraño le comenté el motivo de mi sorpresa, no
terminé de decirle la fecha en que se presentaría cuando me interrumpió y me
dijo que fuéramos.
No
era la primera vez que íbamos a un concierto juntas, es más, la considero mi
compañera de conciertos a pesar de no tener los mismos gustos musicales, ya que
siempre que puede me acompaña y viceversa. Sin embargo, dudé por un momento de que
decidiera acompañarme, pues el evento era un día de clases, además de que nuestra
última experiencia antes de ese evento no fue muy agradable, pues para empezar no sabíamos cómo llegar al
antro en el que se presentó la banda, por lo que terminamos perdidas por una
zona un poco desagradable, una vez encontrado el “famoso” lugar, tuvimos que
esperar a que nos dejaran entrar para estar de pie por unas 6 horas escuchando
a otras bandas hasta que el grupo al que íbamos a ver se dignó en salir al
escenario, para que al final de la noche hiciéramos el recuento de las 8 hrs
que estuvimos paradas, aplastadas y casi golpeadas, ya que mi hermana al querer
levantar un objeto que el vocalista aventó, un chico la empujó para quedarse
con ello, sin embargo no logró tomarlo a tiempo ya que mi hermana fue más rápida
para reaccionar y quedarse con la plumilla, una vez en sus manos no le importó
el golpe que había sufrido.
Sin embargo,
afirmo que valió la pena cada minuto de deshidratación e intoxicación por el
olor que desprendía cada cuerpo humano en ese pequeño espacio, pues al final
del día terminamos con experiencia suficiente para sobrevivir al siguiente
concierto.
Así que,
para el día del concierto de División Minúscula, quedé de verla con su amiga
dentro de la feria de Puebla, ya que ahí fue el lugar donde se presentó la banda;
de esta manera no tendría que esperarme y así podría ir a dar la vuelta con su
amiga sin que mis amigos y yo le estorbáramos.
Una vez
que encontré a todos mis amigos, nos fuimos directo al camión, no todos iban a
ir, sin embargo tomaban el mismo transporte para llegar a sus casas, así que los
únicos dos a los que nos esperaba el agradable destino de un concierto era a mi
amigo y a mí. Sin embargo, a mi amigo le interesaba únicamente la primera banda
que tocaría, pues estaba consciente de que se presentarían dos, sin embargo
hasta ese momento estaba dispuesto a quedarse a escuchar a las dos bandas y
acompañarnos.
Una vez
en el trayecto a la feria, mis amigos y yo estábamos platicando de cosas sin
sentido, cosas que nos provocaban tanta risa que las personas comenzaron a
mirarnos feo y apuesto a que muchas se estaban riendo por nuestras estupideces.
Todos nosotros íbamos de pie ya que el camión a esas horas se llena, pues es la
hora en que salen las personas del trabajo y los niños de la escuela. Así que
para nuestro colmo, las personas ya iban de mal humor y para sumarle a esto,
nosotros íbamos intentando no gritar ni molestar a las personas con nuestra
risa.
El camino
se volvió aún más gracioso cuando nosotras nos pudimos sentar pero nadie dejaba
que tomara asiento mi amigo, pues las señoras lo empujaban con la idea de que
sería lo suficiente caballerosos para cederles el lugar, motivo por el cual mi
amigo llegó al punto en que se desesperó y se quedó mirando con una cara de “¿Qué
le pasa?” a una mujer de rostro un poco amargado que le quitó su lugar. Por supuesto
a la señora no le importó, pues ella iba amargada pero muy cómoda.
La situación
en el camión se tornó estresante cuando ya estaba a punto de reventar
y el chofer aún seguía subiendo a más personas. Para mi suerte ya iba sentada,
sin embargo cuando el hombre que iba a mi lado se dio cuenta que ya iba a
llegar a su parada, fue un problema para que pudiera darle el espacio para
salir, por lo que sin querer terminé pateando al señor y mi amigo que aún seguía
parado quería que me moviera para que se pudiera sentar, sin embargo le dije
que me esperara porque no podía hacerlo, casi no me escuchaba por las risas que
mis amigas provocaban con sus comentarios, sin embargo cuando le dije “espera,
porque ya pateé al señor” mi amigo entendió mal y gritó a todo el camión que ya
había matado al señor mientras se reía. No es difícil imaginar lo fácil que fue
atraer la atención de medio camión hacia nosotros con ese comentario.
Una vez
que mi amiga se bajó, la mitad de pasajeros también había descendido, por lo
que pudimos conversar de una manera más libre sin tantas miradas de por medio.
Al llegar
a nuestra parada, nos despedimos de nuestra amiga, pues aún le faltaba algo de
recorrido para llegar a su casa. Al llegar a la entrada, comenzaba a
arrepentirme de haber llevado una sudadera, pues el calor era insoportable,
claro solo a mí se me ocurre llevar ese atuendo para un concierto, en ese
momento pensé que no había aprendido nada del concierto anterior. Para mi
defensa, no quería cargar un suéter y sabía que después del evento iba a estar
haciendo frío, una vez más, me equivoqué.
Después
de pagar la entrada, y ver a los borregos que tenían ahí, mi amigo y yo
decidimos dar la vuelta para ver qué cosas había. Una vez que caminamos lo suficiente
para agotar nuestra energía, decidimos ir a buscar a mi hermana, así que una
vez que supe donde se encontraba fuimos en su busca. Llegamos a la entrada del
foro artístico, y me di cuenta que mi hermana y su amiga estaban sentadas
haciendo fila para el concierto. Más bien, habían comenzado la fila, pues era
demasiado temprano para un concierto que comenzaba hasta las 8 de la noche, por
lo que en ese momento no había casi nadie, salvo unas cuatro o cinco personas
que también habían decidido formarse.
Al ver
que aún no habían muchas personas y nuestros estómagos comenzaban a dar señales
de vida con rugidos provocados por el hambre que teníamos, decidimos ir a
buscar algo de comer, sin embargo mi hermana y su amiga decidieron quedarse a
seguir cuidando la fila.
Al no
saber que queríamos comer, ni por donde buscar decidimos caminar una vez más a
lo menso, llegamos al centro expositor y dimos como mil vueltas intentando convencernos
de comprar algo que no pareciera una estafa, sin embargo, después de
distraernos con cosas que no eran alimento, decidimos comprar pastes. Después de
nuestra hora de caminata y sin haber comprado comida, optamos por caminar por
los puestos. Mi idea era comprar una brocheta de carne, sin embargo al verlas mi
amigo me convenció con argumentos pocos validos que no era buena idea comprar
eso. Así que decidimos continuar caminando hasta que mi hambre pudo más que la
estafa a la que me estaba sometiendo al comprar una orden de tacos al pastor,
sin doble tortilla por sesenta pesos. Mi amigo me recriminó mi mala compra por
todo el camino hasta que él compró una orden de chalupas por veinte pesos. No me
importó, estaba comiendo y ya era feliz.
Para
el colmo, queríamos agua, así que regresamos al centro expositor para buscar un
puesto de aguas de sabor que valían la pena. Una vez que teníamos toda la
comida y el agua, decidimos regresar a formarnos para comer ahí. Al darnos
cuenta mi hermana y su compañía ya no estaban formadas, pues el sol quemaba
demasiado y decidieron quitarse de ahí. Sin embargo, al voltear a ver el lugar
donde unos minutos antes habían estado formadas noté que esos lugares ya estaban
ocupados por otras personas, por lo que era bastante notorio que ya habían
llegado más personas.
Decidimos
formarnos una vez que la fila llegó a una zona donde nos podíamos sentar y con
sombra, así que hasta que estuvimos cómodos, formados y con sombra nos
dispusimos a comer.
Mientras
terminábamos nuestra comida notamos que la fila crecía más. Cuando acabamos de
comer, nos dimos cuenta que apenas eran las cinco de la tarde, así que solo nos
dispusimos a perder el tiempo y platicar, pues si nos movíamos de ahí, perderíamos
nuestros lugares. Unos minutos después la amiga de mi hermana se despidió de
nosotros, pues no pretendía quedarse al concierto, sin embargo cuando le dijo
que en la escuela le devolvía las cosas que le había dado, entre ellas un
paraguas, mi cara fue de desconcierto pues no entendía el motivo de que se
llevara sus cosas que claramente cabían en su mochila, por lo que mi hermana me
explicó que no nos iban a dejar pasar con cosas que se consideran un riesgo en los conciertos,
y me dijo que era lo que prohibían. Así que mi amigo y yo comenzamos a ver qué
cosas teníamos que nos pudieran quitar para esconderlas. La amiga de mi hermana
se terminó llevando mi paraguas y mi botella de agua, una vez más, me deshidrataría
dentro de un concierto.
Una vez
que creímos que ya nos iban a dejar entrar debido a que era la supuesta hora
que ya dejaban entrar y nos hicieron hacer dos filas, una de hombres y otra de
mujeres, nos emocionamos, pero después de pasar largos minutos esperando nos
dimos cuenta que solo nos habían engañado.
Al menos
tenía con quien platicar, pues mi hermana estaba junto a mí, sin embargo, mi
amigo estaba solo y cada vez que lo volteaba a ver tenía una expresión en su
cara de frustración, por lo que opté por salirme de la fila y dejar a mi
hermana apartando los lugares para poder platicar con mi amigo que estaba a
unos metros de nosotras, sin embargo antes de que diera un paso mi hermana me
dijo que quería ir al baño, momento perfecto, pues no quería que se fuera sola
y no sabíamos en que momento empezaríamos a pasar, pero fue más insistente su
necesidad que lo demás. Así que, unos minutos después de que se fuera al baño,
mi amigo se acercó a mí y me dijo que ya se iba, me dio una excusa que hasta el
día de hoy sé que era mentira, pero entendí su cansancio y la desesperación que
sufrió, pues llevábamos alrededor de cinco horas en la feria esperando el
concierto. Un vez que se fue, me quedé a esperar a mi hermana, después de haber
transcurrido unos minutos más, me comencé a preocupar, pues no aparecía por ningún lado. Cuando estuve a punto de
salirme de la fila para ir a buscarla, regresó excusándose con la gran fila que
había en los baños.
Después
de que me comencé a desesperar porque no nos dejaban pasar pero tampoco podíamos
sentarnos porque perderíamos nuestro lugar, los guardias de seguridad abrieron
las rejas y comenzaron a dar las instrucciones para la revisión de las cosas. No
había deparado en las mochilas, no sabía si nos iban a dejar entrar con ellas
ya que solo se prohibía entrar con algunos objetos en específico. Decidimos pasar
y que nos revisaran pues no habíamos estado formadas tanto tiempo para no entrar
por culpa de las mochilas, aunque tampoco pretendíamos dejarlas por ahí.
Así que,
en el momento en que los guardias nos dejaron pasar para la recisión todas las
personas se comenzaron a alborotar, pues entre más rápido se pasaba la revisión
más rápido se ingresaba al foro y mejores lugares se conseguían. Para nuestra
suerte, pudimos pasar las mochilas sin embargo la guardia de seguridad se tardó
bastante tiempo revisando y analizando cada cosa que se encontraba dentro de mi
mochila, para que posteriormente se tardara el mismo tiempo con las cosas de mi
hermana.
Una vez
que las dos pasamos, terminamos apresurándonos para intentar alcanzar buenos
lugares. Ya localizado un buen espacio hasta adelante y con una buena vista,
sin preocupaciones por ser aplastadas o empujadas entre la multitud decidimos
quedarnos ahí.
Cuando
creímos que el concierto ya iba a comenzar, todavía se tardó como media hora
más en salir el primer grupo, en este momento no teníamos problema alguno, el
dilema surgió cuando mi papá me llamó y me dijo que iba a pasar por nosotras a
las once de la noche. Haciendo cuentas el grupo por el que estuvimos esperando
horas y días saldría a tocar hasta las diez de la noche y no íbamos a ver casi
nada. Sin embargo, intentamos mantener la esperanza de que los artistas a los
que iba a ver salieran al escenario antes o en todo caso, intentar convencer a
mi papá de que pasara más tarde por nosotras, una opción que no veía muy fáctica
ya que iba de paso por nosotras y al otro día tenía que levantarse temprano.
Justo
cuando dieron las diez de la noche, División Minúscula aun no salía a tocar,
comenzaba a sentir una molestia enorme y frustración por haber esperado tanto, por
tener buenos lugares y saber que los íbamos a desaprovechar y por haber gustado
en unos tacos que solo calmaron mi hambre por un instante y ni fueron tan
buenos como lo aparentaban.
En fin,
me decidí a disfrutar de los minutos que lograra escucharlos, a pesar del
enorme estrés que sentía a esas alturas, pues entre más avanzaba el tiempo parecía
que nunca los vería. Cuando el reloj dio las diez y media de la noche, por fin
se apagaron las luces, salieron a escena, cada integrante ocupó su espacio y comenzaron
a sonar las cuerdas de las guitarras.
Con una
buena vista para no perdernos de nada y un buen ambiente por parte de los fans
el concierto parecía perfecto, canté a todo pulmón hasta que dieron las 11: 15 y
tuvimos que abandonar el show. No nos queríamos ir, mi hermana insistió en
quedarnos a escuchar otra canción, pero mi celular no dejaba de sonar, teníamos que
partir directo a casa.